El Presidente parte de una premisa atendible. Uno de los grandes problemas es la injusta distribución de la riqueza, lo que genera desigualdad económico-social manifiesta, y lo cual es una de las razones por las que vivimos con altísimos niveles de pobreza.

La premisa le sirve a López Obrador para un discurso que cala profundamente en el ánimo social. Uno de los grandes méritos del tabasqueño es insistir en hacer visibles a los invisibles. Su discurso “primero los pobres” es al mismo tiempo una consigna de campaña y una política de gobierno, y una brutal deuda de la sociedad.

Para referirse a ello el Presidente señala a los empresarios, junto a una clase política hoy en el tobogán, como los grandes responsables de las desigualdades.

El sector privado se sabe señalado por el discurso y suponemos que también por el lacerante entorno en el que vivimos. Sería irresponsable, como en muchas ocasiones ha sido, que los empresarios pasen por alto lo que vive el país a pesar de los esfuerzos que algunos hacen por la sociedad.

Podrá verse como una contradicción el hecho de que López Obrador se la haya pasado durante años con discurso crítico y altanero en contra de los empresarios, a quienes suma a su rentable concepto de “mafia del poder”, y que ahora les esté tocando a su puerta para que compren un cachito de lotería para la rifa de un avión que no se está rifando.

Los empresarios no han acabado por entenderse con López Obrador. Si no hubiera sido así no estaría diciendo Carlos Slim que falta inversión, la cual no llega porque para el sector privado siguen existiendo claros signos de desconfianza, que mucho tienen que ver con la cancelación del aeropuerto de Texcoco.

El sector privado entiende que no es fácil decirle no al Presidente. En tiempos de Fox, Marta Sahagún le pidió a los empresarios su “apoyo” para programas sociales comprando un boleto para ver a Elton John. La reacción no fue muy favorable a pesar de que la mayoría de los boletos se vendió.

En medio de la controversia, en diálogo con el entonces Presidente nos decía que cuál era el motivo por el que los medios eran tan críticos con su esposa. El tema llevó a algo que en un país como el nuestro es definitivo, no hay manera de decirle no a la esposa del Presidente y menos al propio Presidente.

Con evidentes diferencias, es probable que varios empresarios hayan llegado a la misma conclusión. Queda claro que por lo menos en el papel las condiciones y el sentido de la propuesta presidencial es otra, pero habrá que preguntarle a los empresarios si se le puede decir no a un Presidente con una legitimidad manifiesta y, sobre todo, con una gran popularidad.

López Obrador está con el sector privado en el “ni contigo ni sin ti”. La crítica a los empresarios ha sido uno de los ejes de su discurso, lo que ha llevado a que muchos de sus furibundos seguidores vean y perciban al sector privado distante en todos los sentidos. Son parte de “la mafia del poder” y corresponsables de las desigualdades.

El Presidente convocó a los más ricos de los ricos en Palacio Nacional. Si en otro tiempo los fustigó, ahora los quiere cerca porque se ha dado cuenta que sin ellos no hay manera alguna de que se pueda revertir el estado de las cosas.

Si eran de la “mafia del poder” están cerca del perdón siempre y cuando terminen por entrarle a la rifa de un avión que no se está rifando.

Por más que los empresarios compren su “cachito” es difícil que cambie su percepción, como también es difícil que el Presidente cambie la suya.

Los tamales los acercaron, pero no se ve que desaparezca la desconfianza que unos le tienen al otro y el otro les tiene a los unos.

RESQUICIOS.

No es la primera vez que el abogado de Emilio Lozoya asegura que su cliente “no se mandaba solo”. En aquella ocasión como ahora todos se desmarcaron bajo el “yo no fui y él decidía al final qué hacer”. Si la trama es como imaginamos y la pintan es tiempo de que se cuiden y amparen los del “yo no fui”.