A muchas universidades públicas les ha faltado rigurosidad en la planeación y manejo de sus recursos. En algunos casos también se han ejercido cacicazgos que han menguado seriamente su desarrollo.

Es cierto que todo esto ha afectado el proceso educativo. En algunos casos la formación de los estudiantes ha sido irregular, pero en general, hay un reconocimiento sobre la capacidad de los egresados, lo que les ha permitido lo fundamental: conseguir empleo e influir en sus comunidades.

Los muchos problemas en torno a estas instituciones ha afectado antes que a nadie a las propias universidades. A río revuelto, sin duda, habrá quien se haya beneficiado, pero en el fondo, el gran perdedor ha terminado siendo la comunidad universitaria.

Las universidades públicas se vieron seriamente tocadas en su imagen por el oprobioso caso de la Estafa Maestra. Se hicieron injustas generalizaciones, lo cual acabó afectando a todas de manera indiscriminada.

Quienes instrumentaron la Estafa Maestra no repararon en lo más mínimo en cómo lo que hacían podía repercutir en la vida universitaria. A esto se suma la oprobiosa ambición y complicidad de directivos en algunas instituciones; las consecuencias están a la vista.

Estos hechos han calado seriamente porque además sigue siendo un enigma en dónde están las responsabilidades y quiénes lo perpetraron. Los propios universitarios no saben lo que pasó en sus instituciones, porque no se han tomado medidas legales para determinar con precisión lo que eventualmente sucedió, y sobre todo, quiénes fueron los responsables.

La detención de Rosario Robles es parte de ello, pero al interior de las universidades poco o nada ha pasado. La Estafa Maestra lastimó a la sociedad, pero particularmente a algunas universidades públicas. Además de los deleznables propósitos que había detrás de esto, a las universidades les ha provocado serios problemas, al tiempo que hay quienes se han aprovechado, no casualmente, a lanzar críticas de toda índole a las instituciones.

No somos de la idea de que el paro del día de ayer en algunas universidades públicas, exigiendo mejores presupuestos, sea un “chantaje”. No es un hecho común que se presente un paro como éste, más bien hay que verlo e insertarlo en la crítica que se le ha hecho al Gobierno respecto a la distribución de los dineros en la educación superior y en el desarrollo de la actividad científica.

Quienes trabajan y estudian en universidades públicas saben bien que a menudo se sobrevive más que se vive. Insistimos, no se soslayan las irregularidades y el desaseo con que a veces se manejan, junto con los singulares arreglos que suelen tener en ocasiones con los sindicatos.

Sin embargo, esto no debe ser ocasión para menospreciarlas y dejar de reconocer e identificar sus grandes virtudes sin omitir sus muchos problemas económicos, los cuales en innumerables casos son solventados por la voluntad y vocación de los universitarios.

Una preocupación genuina es la referente a la desigual importancia que se le está concediendo a las universidades por parte del actual Gobierno.

La formación del conocimiento en los jóvenes es un mecanismo que les permite ingresar al mercado de trabajo, además de que lo ensancha. Hay que ver también las cosas bajo la óptica del papel de los egresados quienes han sido y deben seguir siendo parte medular de la transformación del país.

La educación es un medio para que los jóvenes y sus familias puedan acceder a mejores condiciones económicas y sociales.

Es también lo que les permite desarrollar sus sueños, los cuales no tenemos derecho alguno a romper, inhibir o frustrar.

En la educación superior pública y privada, y la ciencia está un componente estratégico de la transformación.

RESQUICIOS.

Fue abrumadora la cobertura en honor a José José. Una parte tuvo que ver con que los medios que se encargaron de darle con todo, pero la otra es que el de la colonia Clavería, nunca dejó de acompañarnos en el amor y desamor.