Ante el exitoso regreso de la cápsula Dragon de SpaceX con los astronautas de la NASA, también vuelven algunos cuestionamientos, muy respetables, sobre nuestras prioridades como humanidad. ¿Para qué gastar tanto dinero y esfuerzo en enviar científicos al espacio, si tenemos tantos problemas en la Tierra como el cambio climático, la pobreza, o simplemente la emergencia actual de la pandemia? ¿Qué es más importante?

Propongo tomar en cuenta cuatro elementos. Lo primero sería cambiar nuestra forma de percibir los grandes proyectos humanos, dejar de verlos como un proceso de suma-cero, y empezar a entenderlos como enriquecedores e incluso simbióticos: es decir, no necesariamente tienen que ser mutuamente excluyentes.

Otro elemento es el vocacional, incluso genético: en el caso del espacio, hay una genuina pasión por la exploración, por el descubrimiento, que según hemos visto en la historia, corre por nuestras venas y quizá también por nuestros genes. Es parte de ser humanos.

Pero lo anterior no sería suficiente si no fuera por el tercer punto a tomar en cuenta que es el de los resultados. La exploración espacial ha traído importantes beneficios a la sociedad, que van desde la elaboración de vacunas hasta las cámaras de los celulares, pasando por el diagnóstico de enfermedades, telemedicina, sistemas de purificación de agua, imágenes que asisten a la agricultura, o las víctimas de desastres naturales, entre otros. No es solo ir a explorar por explorar.

Y un cuarto elemento son los matices. Es decir, claro que se vale discutir qué tanto se está gastando, cuánto se puede ahorrar, y cuánto se puede destinar de manera más inteligente para que haya más ventajas directas a los temas importantes como el cambio climático, el combate a la pobreza, y desde luego la emergencia actual de la pandemia.

APUNTE SPIRITUALIS. Más que abogar por un proyecto en contra de otro, se trata de ver cómo se complementan para tratar los asuntos más urgentes y esenciales.