Algo importante en este Gobierno es que quienes le han renunciado han planteado argumentos sin esconder las razones de sus separaciones del cargo.

No hemos visto aquello de “renuncia por motivos de salud”, “renuncia para dedicarle tiempo a su familia” o “renuncia por razones personales”.

La mayoría de las dimisiones en el presente Gobierno han tenido su razón de ser, nadie ha dejado el cargo por la puerta de atrás u omitido sus motivos.

Es saludable, porque se han puesto de manifiesto las diferencias que tienen con el Gobierno, lo cual resulta importante porque debiera permitirle al Presidente, más que señalar a quienes renuncian, a considerar que detrás de estas decisiones se encuentra una serie de motivos que deben de ser considerados para la gobernabilidad.

El Presidente con justa razón se la ha pasado cuidándose las espaldas. Sabe bien que tiene que hacerlo, porque buena parte de su vida política ha estado marcada por traiciones y una buena cantidad de golpes bajos.

En la conformación de su equipo cercano se han sumado hombres y mujeres que si alguien los conoce es el Presidente. López Obrador no le puede pedir a sus equipos que no piensen, que no tengan opinión o que no tomen decisiones.

Habrá quien lo haga y se someta sin preguntar y todo lo remita al oprobioso síndrome de “a sus órdenes jefe”, pero mucha gente que se ha sumado a su proyecto si por algo se ha distinguido en su vida es por su espíritu crítico y por largos años en la lucha política, ya sea a su lado o por su parte.

Es evidente que ésta fue una de las razones por las cuales el Presidente los llamó a participar en su Gobierno. Para armar el proyecto que está desarrollando, el tabasqueño requiere de hombres y mujeres capaces, no basta con la necesaria honestidad.

Se requiere de capacidades que permitan instrumentar las políticas públicas.

La capacidad por definición es sinónimo de un espíritu crítico, el conocimiento es un instrumento que permite discernir y tener una visión global de las cosas.

La crítica eleva la capacidad de hombres y mujeres y también debiera llevar por senderos firmes hacia actitudes honestas, elemento al que apela sistemáticamente el Presidente, recordemos aquello de “prefiero personas 90% honestas y 10% capaces”. Partir de esta premisa es presuponer que ambas cosas tuvieran que estar separadas por definición.

La renuncia de Jaime Cárdenas Gracia coloca estas reflexiones en la discusión. En su carta de renuncia expone principios y definiciones. En entrevista ayer con Ricardo Rocha establece que: “Yo exponía dudas, puntos de vista, tanto a los colaboradores cercanos al Presidente como al Presidente mismo, y creo que los comentarios que hacía no siempre gustaron… varias veces el Presidente cuestionó mi formación de abogado, mi carácter formalista, mi insistencia en los procedimientos”, explicó ayer Cárdenas.

Al Presidente le vendría bien reflexionar sobre los motivos por los cuales personajes cercanos y quizá hasta queridos han renunciado. No se están bajando del barco por agotamiento o por falta de convicción, lo hacen porque se están dando cuenta de que se van cerrando los caminos para hacer valer la construcción de ideas y proyectos que fortalezca la gobernabilidad y al propio Presidente.

En un momento como el que vive el país, es probable que quienes hayan renunciado caminen por los terrenos de la decepción y preocupación.

No se están dando por vencidos, lo que sucede es que se cierran las puertas. Saben que en función de sus capacidades, conocimiento y compromiso no pueden avalar situaciones que van en contra de su espíritu.

Es el Presidente quien debe preguntarse el porqué de las renuncias.

RESQUICIOS.

Se viene un fin de semana inquietante, para decir lo menos. El plantón, con más movilización que argumentos, ya está en el Zócalo. El sábado con motivo del sexto aniversario de la desaparición de los 43 normalistas, se anuncia una marcha que pretende terminar precisamente en el Zócalo.