La política de terminar de tajo con el pasado, sin importar y evaluar lo que fue y se hizo, no necesariamente es un buen aliado para la gobernabilidad.

En muchas oficinas de gobierno, más que investigar para conocer cuál es el estado de las cosas, por más malo que sea, se han dedicado a irse contra todo y contra todos los que por ahí estaban.

Da la impresión que se ha sobreinterpretado el discurso del Presidente, quien de alguna u otra forma sigue abonando y alentando mucho de esto. No hay día en que López Obrador no haga referencia al pasado y lo señale, lo que sin duda provoca que en muchas dependencias se le reinterprete de manera muy particular. En más de un caso el discurso lo traducen en una orden y no en una reflexión.

No tiene sentido haber avanzado tanto en la vida política del país, con todo lo que ha costado, para dar pasos atrás en la forma en que algunos ven al Presidente. El triunfo de López Obrador es el triunfo del cambio y de la búsqueda de ver y vivir la política, a lo que debe abonar el propio Presidente. Sin embargo, estamos empantanados porque el discurso presidencial se mantiene como en campaña y es y será la piedra de toque.

En medio de este escenario se conjuntan varios elementos. Por un lado, los y las funcionarias quieren quedar bien con López Obrador sin importar el costo de ello en sus propias dependencias, y por otro, no se sabe si son conscientes de que en medio de la vorágine no visualizan lo que están haciendo y provocando.

No alcanzan, en algunos casos, a detenerse en que sus decisiones les pueden causar problemas en la dinámica de sus propias oficinas. Han surgido ejemplos de ello estos meses que han evidenciado las consecuencias de algunas decisiones.

Otro componente a atender sobre el estado de las cosas es que no se conoce a algunos de los funcionarios que forman parte del equipo del Presidente, lo cual lleva a suponer que están maniatados o han optado por el bajo perfil. Derivado de esto poco se conoce sobre el trabajo que están haciendo; no basta con que a veces los placeen en las “mañaneras”.

En muchos casos, no generalizamos, las políticas que se están instrumentando le están pegando severamente a mucha gente. En contraparte se argumenta que se están beneficiando paulatinamente otros sectores de la sociedad, sin duda los más numerosos y sobre todo los más castigados.

Es cuestión de tiempo para saber si se alcanza este muy importante objetivo, habrá que ver qué pasa con la economía y hasta dónde llega la liga del dinero para los programas sociales.

Lo que es muy claro es que no hay milagros y que las cosas no se producen en automático. El ahorro que a toda costa quiere el gobierno no puede cimentarse bajo las bases en que ahora un sector se vea beneficiado, en tanto que otro termine por quedar al margen.

En muchos casos quienes están siendo despedidos son quienes estaban contratados bajo el régimen de “trabajadores de confianza”, quienes vivían exclusivamente de sus salarios y de sus capacidades, tanto las propias como las que son producto de su desarrollo escolar.

Algunos no hay duda que pertenecían a una especie de “casta divina”, eran familiares, amigos o recomendados, éste era su único mérito para estar donde estaban.

Sin embargo, también había muchos otros que hacían un gran trabajo y en quienes descansaba buena parte de lo que se hacía en las dependencias. Han sido despedidos, en muchos casos groseramente, no por su trabajo, sino por ser parte del fustigado pasado.

El gobierno debe buscar referentes y voces más allá de sí mismo. Escuchar a los otros, por más que sean diferentes, ayuda a la gobernabilidad y a superar los problemas que van enfrentando.

Al final se trata de todos nosotros.

RESQUICIOS.

En el PRI están actuando como si no les hubiera pasado una aplanadora encima. La cargada va con Alito sin consideración alguna sobre el hecho de que el pasado los condena. Como diría la abuela: “ven la tempestad y no se hincan”.