Con las virtudes y defectos que tenga y haya tenido la CNDH, no se merecía que quien la encabezara fuera designada a través de un proceso tan desaseado, confuso y tan controvertido.

Tampoco lo merecía el historial de doña Rosario Ibarra de Piedra, quien ha dedicado su vida a la búsqueda de su hijo y a la defensa de los derechos humanos.

La designación de su hija Rosario Piedra Ibarra está íntimamente ligada al historial de doña Rosario. Sin demeritar la formación y experiencia profesional y de vida de la nueva ombudsperson, la forma en que se desarrolló el proceso deja todo bajo un cuestionamiento del cual será difícil que se pueda abstraer.

Va a cargar inevitablemente con las innumerables dudas sobre su designación. Es vista como una imposición del Presidente, a quien poco o nada le importaron los desfiguros que se dieron estos días en el Senado con tal de colocar a Rosario Piedra. El mandatario se manifestó muy contento con la designación y no reparó en lo más mínimo en el proceso.

No sirvió de nada que el senador de Morena, el influyente Ricardo Monreal, intentara reponer la votación después de que se presentó, no casualmente, una controversia respecto a los votos emitidos. A esto también se sumó la confusión que generó el depósito en la urna de una papeleta; daba la impresión de que eran dos o tres votos los que se estaban entregando al mismo tiempo; el hecho ha sido desmentido.

Lo que no quedó claro fue si la intentona de Monreal iba en serio o era una finta, y más después de ver lo que pasó en el Senado. Queda la impresión de que el zacatecano sabía de antemano lo que iba a provocar reponer el proceso, empezando por lo que quería el Presidente.

Lo que queda claro es que todo estaba confuso y desaseado desde el principio y que las audiencias a las que convocó el Senado, y en las cuales participaron destacados personajes, no eran para decidir sino para cumplir con un requisito; la decisión ya estaba tomada, lo que estaban buscando y esperando era cómo instrumentarla.

Una de las preguntas que ha suscitado la designación de Rosario Piedra es sobre el perfil de quien deba dirigir la CNDH. Se ha insistido en que la relevancia de Rosario está en que ha sido una víctima a lo largo de todos estos años y que nadie como ella entiende mejor el problema de los derechos humanos en el país.

Sin la menor duda de lo que ha vivido, y lo que ha visto en su casa, de la mano de la histórica y destacada lucha de su madre, le da una gran experiencia y una conciencia invaluable.

La pregunta políticamente incorrecta es si esto le da el perfil para encabezar la CNDH o si lo que se requiere son especialistas en materia de derechos humanos, con conocimiento de la realidad en esta materia y con una convicción y principios que los defina.

Da la impresión de que esta pregunta no la podremos contestar en lo inmediato. Se va a requerir de tiempo para conocer los alcances del trabajo de la nueva ombudsperson.

Rosario Piedra Ibarra, de entrada, ya tiene obstáculos en el camino. El más difícil que va a enfrentar será el de su legitimidad y sobre todo mostrar evidencias en los hechos, no sólo de palabra, que la comisión que ya encabeza será realmente autónoma. Su cercanía con el Presidente y con Morena establece un conjunto de dudas profundamente justificadas.

Las primeras declaraciones de Rosario Piedra la expusieron aún más. Su confusión sobre la muerte de periodistas le abrió otro hueco.

La CNDH es una instancia conocida, a la que los ciudadanos apelan porque en buena medida le creen. El proceso bajo el cual Rosario Piedra fue designada a quien más le puede terminar afectando es a la CNDH. La defensa de los derechos humanos es transversal y va más allá de un sexenio.

RESQUICIOS.

Encomiables los esfuerzos del Gobierno para traer a México a Evo Morales, hay evidencias de que iban tras él. Lo que habría que buscar ahora es bajarlo del carrito alegórico porque en el país muchos no están en favor del asilo al boliviano.