No la voy a mencionar por su nombre, pues siendo hija de Periodista, no logro entender como pudo caer en el juego de otros, que tampoco mencionaré, pues temo que ahora se judicialicen los comentarios vertidos y publicados por quienes nos dedicamos a mantener informada a la opinión pública.

Pero demandar penalmente a un columnista como Fernando Acuña Piñeiro por hacer su análisis basado en el cotidiano acontecer, me parece una barbaridad que persigue más que al denunciado, a toda la prensa libre de Tamaulipas.

Y vaya que somos muchos, sin embargo, si debo por el compromiso social de mi oficio, expresar mis dudas sobre la decisión tomada, pues teniendo un liderazgo partidista, merecido o no, lo único que conseguirá la señora, será acumular más y más menciones negativas que las que su dudoso proceder pudiera lograr en lo que le queda de mandato, pues liderazgo nunca tuvo y me consta.

Sé que muchos lectores no alcanzarán a comprender el alcance de estas líneas, no por su culpa, sino por los vacíos de información y las lagunas que aquí, por necesidad tengo que plasmar, pero si deseo dejar en claro que nadie, independientemente del cargo que ostente, puede quedar exento del escrutinio público que por obligación moral, quienes hacemos el análisis, debemos publicar, les guste o no les guste.

No sé quién la asesoró en este tema, sin embargo al revisar las colaboraciones de los últimos dos años del Analista Político Fernando Acuña, me queda claro que su crítica mordaz, lapidaria y contundente, está más dirigida al gobierno de Tamaulipas, que a una dirigente que ha dado muestras claras de haber accedido al liderazgo, con la simple intención de perder, como instituto político, pero de ganar, en los más simple y sencillo de interpretar, ella misma.

Considerar lo anterior, sé que es tan solo mi análisis de la situación actual, como en su momento lo fue de Fernando, pero con la salvedad, de que aunque ahora todos saben a quién me refiero, no la menciono por su nombre, por lo que no podrá acusarme de nada.

Resulta lamentable que de ahora en adelante, por temor a una demanda judicial, tenga que omitir la mención de los actores políticos por su nombre, pero tal vez es lo que pretende ahora un gobierno represor que desde el inicio de su gestión, ha desacreditado una y otra vez el oficio del periodismo.

No hace falta estudiar mucho las acciones emprendidas por ellos, pues desde hace más de dos años, muchos han sufrido los ataques en redes sociales, otros han sido amenazados y varios han tenido que huir del estado, pues en sus rencores y venganzas incluyen a la familia. De esto pudo escribir y mucho, por la simple razón de que yo mismo lo he experimentado.

Su intento de Ley Mordaza es el mayor ejemplo de que el Congreso lo tienen cooptado, pues los legisladores lo aprobaron, pero el ejecutivo en reflexión posterior lo vetó. Este tema se convirtió en internacional lo que hizo que surgieran voces conciliadoras al interior de gobierno. Y qué bueno que así fue, pues de otra manera la credibilidad que les quedaba entonces hubiera acabado.

Tengo que dejar en el aire los nombres y los cargos, pues aunque tenga elementos de análisis político de lo que como estrategia han utilizado, no tengo evidencia sustentable en un tribunal. Y menos cuando todos hemos visto cómo se comportan los jueces en este estado, que deja al periodismo en absoluto estado de indefensión.

Que es lo que sigue, no lo sabremos hasta que el Juez por su criterio o por su sumisión llegue a una conclusión, que pudiera ser económica o incluso reclusión, ya que lo que pretende es acallar las voces críticas ante un proceso político que tiene sustancial importancia para ellos y que desde la visión crítica de un estado de derecho, no se pude maquillar, por más intentos que se hagan.

Triste futuro para el periodismo crítico, pero más triste aún, para un estado que sin duda pretende llegar al totalitarismo, ahogando las voces críticas que con conocimiento de causa, hacen ver los riesgos latentes de tener que soportar a un gobierno que solo pretende hacer negocio con la política y que se ha acostumbrado a comprar silencio, contubernio y complicidad.

¿De qué tamaño es el miedo de perder el control del Congreso? Eso lo sabremos pronto, si esta atrocidad procede judicialmente, estaremos en el preámbulo de la barbarie, pero si la señora recapacita y retira la demanda, tal vez, solo tal vez, evite ser utilizada para fines que nada tienen que ver con la política y el periodismo, sino con la intolerancia y la mezquindad.

Por lo pronto ahí queda la sugerencia, porque no nos van a callar, todos somos Fernando Acuña Piñeiro y todos alzaremos la voz para escudriñar el fondo de una acción incomprensible que solo demuestra que la señora, SALIÓ CON SU DOMINGO 7.

Jorge Alberto Pérez González

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