La violencia y la división aumenta cada vez más, particularmente en América Latina. En la que las últimas semanas hemos visto todo; la renuncia de un presidente, protestas en la calle, muertes y atentados en los espacios públicos.

Es de verdad preocupante todo lo que está pasando en el mundo y lo peor, es que no veo que se esté tratando de reconstruir. Aquí mi pequeña y humilde reflexión:

Primero empecemos con Bolivia. En la que sus elecciones que fueron cuestionadas por órganos internacionales, la criticada huida de Evo hacia México, la polémica toma de protesta de Jeanine Áñez, pero lo peor de todo, el desorden y la división que existe ahora en el pueblo boliviano.

La crisis boliviana está a punto de cumplir cuatro semanas y al día hoy se suman al menos 18 muertes confirmadas y más de un centenar de heridos. Los defensores de Evo y los que apoyan el cambio de gobierno se enfrentan día con día, mientras las cúpulas siguen trabajando para mantenerse o arrebatar el poder.

Por otra parte, así como Bolivia, estuvieron más de cuatro semanas en protestas y en la que las calles de Chile se convirtieron en un mar de protestas, vandalismo, enfrentamientos, toques de queda más de dos decenas de fallecidos y cientos de heridos.

La causa ha sido por los altos niveles de desigualdad. En la que los gobiernos anteriores apostaron por las privatizaciones, generando mayor inversión en el país pero solamente beneficiando a cierto grupo. Aunado a eso las altas tarifas de los servicios públicos, orilló a que el pueblo chileno se manifestara y prácticamente orillara al gobierno a tomar decisiones en base a una situación real.

Por último, Venezuela. Juan Guaidó aprovechó la renuncia o el derrocamiento de Evo Morales para hacer lo propio ante el gobierno de Nicolás Maduro. Lo que busca Guaidó es aprovechar la ola de protestas en América Latina para generar un nuevo gobierno en la que él estaría encabezándolo.

En estos tres casos, encuentro dos tipos de problemas. Primero el de Venezuela y Bolivia que tienen cierta semejanza. Dos gobiernos de extrema izquierda que en base a discursos y acciones populistas levantaron un muro dentro de sus propias sociedades, beneficiando a algunos y oprimiendo a los otros. Los resultados han variado, pero al final de cuentas los únicos que ganan es la cúpula política.

Por último, Chile. Aplaudo que el gobierno de Piñera esté tomando cartas en el asunto para solucionar los problemas que existen en el país. Lo que es de verdad lamentable es que gente tiene que morir o poner a temblar la silla presidencial para que el sistema pueda escuchar al pueblo.

¿Y nosotros qué?...