Iba a escribir de otro tema…pero mi mente no puede dejar de dar vueltas alrededor de lo sucedido. Me duele, nos duelen estos actos inhumanos. Por eso no puedo escribir de otro tema, porque no existen cantidad de columnas, mensajes y artículos que sean suficientes para expresar la gravedad y la urgencia de la problemática que estamos viviendo las mujeres de nuestro país.

Mi intención no es expresar mi dolor y mi profunda molestia, eso ya lo he hecho antes. Pienso que he pasado de una frustración y enojo hacia una profunda reflexión sobre qué estamos haciendo como sociedad para que sucedan este tipo de situaciones. Nuestros líderes son un reflejo de nuestra sociedad. Si bien las autoridades tienen un rol esencial que no están cumpliendo y debemos exigirles activamente, también pienso en que nos toca a nosotros comprometernos para prevenir que esto siga sucediendo.

Los casos siguen aumentando, así como la cantidad de preguntas y reflexiones en mi cabeza. Me queda claro que la educación y la cultura machista que tenemos juegan un rol bastante importante que depende de nosotros cambiar. Sin embargo, también pienso en cómo nos comportamos en el día a día como sociedad.

¿Cómo le hacemos para no dejar a nadie atrás? ¿Cómo co-creamos una sociedad en la que nos cuidemos los unos a los otros y no tengas que conocer a las demás personas para defenderlos, cuidarlos, ver por su bien? Qué diferente serían las calles si estuvieran repletas de personas dispuestas a extender una mano y velar por la seguridad de todos. Si dejáramos de ver por nosotros mismos un segundo, por nuestra prisa, nuestras necesidades y comprendiéramos que cada día construimos con nuestras acciones la sociedad que queremos. Si construyéramos un tejido social tan fuerte que sea impenetrable y protegiera de todos.

¿Será que estamos educando a nuestros menores en empatía y compasión? ¿Me atrevería a decir que esto nos distingue como mexicanos?

Lo hemos visto antes, hemos visto a todos los mexicanos unidos cuando surgen desastres naturales, como los sismos de septiembre del 2017. Sinceramente pienso que lo llevamos dentro, tenemos desde nuestras raíces un instinto colectivo y de hermandad, de unión ante la adversidad, pero cómo lo llevamos a la acción. ¿Cómo hacemos que esta empatía nos lleve a la acción y no solo surja cuando las cosas ya sucedieron? Y es que a muchos nos cuesta entender que cuando tú ves por los demás, los demás también ven por ti y así nadie se queda fuera.

Quiero dejar aquí una pregunta para reflexionar: ¿en qué tipo de país viviríamos si nuestra toma de decisiones y acciones estuvieran altamente influenciadas por la genuina preocupación por el otro, sin conocerlo, pero por el simple hecho de que es un ser humano?

¿Por qué no hacer la prueba? Te invito a vivir tres días con los ojos abiertos, atento a las necesidades de los otros antes de las tuyas y veamos qué sucede. Quizá mi querido lector, tras leer esta columna y adoptar esta filosofía, el día de mañana serás TÚ la persona que levante la mano y vea en las calles por MI seguridad… sin a habernos conocido.