FOTO: Posta/ Saúl García
FOTO: Posta/ Saúl García

Los ríos de lágrimas provocados por el llanto de los “derechairos” inundaron el país, nadie en su sano juicio hubiese imaginado la visita del hombre más rico de México a la conferencia de prensa mañanera del Presidente de la República.

En efecto, la presencia de Carlos Slim Helú ahí, en Palacio Nacional, tuvo varias lecturas, unas muy acertadas, otras definitivamente descabezadas, pero sin duda movió el tapete de más de uno de los nuevos ricos del país.

Es política dicen, pero sin duda la señal es muy clara para los gestores de la guerra sin cuartel que le han propinado mediante las benditas redes sociales, todos los que ahora manejan la resistencia al cambio propuesto por la cuarta transformación.

Pero además dejó sin habla a quienes vociferan que este gobierno federal es de izquierda y que solo se nutre del discurso de Chávez y de las estrategias de Maduro, venezolanos ambos, que hicieron de su ascenso al gobierno, la mejor manera de acceder a la riqueza enorme, sin dimensiones, del subsuelo de su país.

El no conocer la historia los hizo perderse en las cavilaciones sin sentido, pocos lo saben, pero la verdadera bujía de la transformación del Centro Histórico de la capital del país, fue precisamente Carlos Slim y durante el gobierno de la Ciudad de México de Andrés Manuel López Obrador.

Si bien lo que más se recuerda de ese entonces son los segundos pisos, en realidad el acierto mayor fue el remozamiento del centro histórico, devolviéndole el mote de la Ciudad de los Palacios.

La operación fue muy sencilla, esos grandes palacios estaban convertidos en buhardillas, debido fundamentalmente a esa política desastrosa de las rentas congeladas, que le dio la puntilla a esos edificios hermosos, pues esa política social de los años 50s condenó a la falta de mantenimiento a los mismos, convirtiendo a la mayoría en vecindades de quinto patio en el que habitaba generación tras generación.

Pues bien, el trabajo político consistió en exigir a los dueños originales, herederos de los herederos, a que restauraran su edificio, obviamente que estos alegaban no tener dinero para ello, pues recibían una miseria por esa injusta ley de las rentas congeladas.

Tampoco podían iniciar el juicio de desahucio pues las leyes lo impedían, así que como muchos, esperaban a que el edificio ya no proporcionara las facilidades de vivienda para que los inquilinos se fueran o los fueran, las condiciones inhabitables.

Ahí comenzó todo, el gobierno del ex DF, lograría mediante convencimiento sacar a los moradores congelados, siempre y cuando los dueños estuvieran dispuestos a vender, pues el comprador estaba dispuesto a remozar de inmediato.

Ninguno de los herederos de los herederos, preguntó quien era el comprador, pero todos fueron testigos de cómo su anterior propiedad se convertía en lo que antes fue y en tiempo record.

Esos seis años fueron de gloria para el centro histórico de la capital del país, inversión privada y voluntad política hicieron lo impensable y ampliaron con visión, los límites del centro histórico, quitándole la imagen de tianguis de mercado que la había acompañado por décadas.

No fue posible desaparecer los tianguis por completo, pero con el método de mercado sobre ruedas, definieron sus días y sus límites, devolviéndole el sentido turístico a la ciudad.

El gestor político AMLO, el financiero Carlos Slim, esos mismos dos hombres que esta semana coincidieron en la “Mañanera”, en al cual se vio a un Slim echado para adelante, pero además mostrando con números las posibilidades de crecimiento de la economía, con parámetros muy simples de entender, las tasas de interés en las diferentes economías del mundo.

El acumulamiento mayor de agua salina en la Ciudad de los Palacios, no lo produjo el calentamiento global, sino SNIF, SNIF, SNIF, SLIM, SLIM, SLIM.

Jorge Alberto Pérez González

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