No se gana mucho echando culpas sobre todo lo que está pasando al pasado. Puede servir como discurso político entre los furibundos seguidores, pero tarde que temprano el recurso se va gastando porque el tiempo ya corre para quien gobierna.

No todo es culpa del neoliberalismo, si fuera así el gobierno no tendría en sus filas a la gran cantidad de hombres y mujeres que son precisamente la representación de ese pasado.

No tiene sentido creer que porque alguien los perdona o redime ya son buenos. Digamos que para bien y para mal son parte de quienes construyeron el país que somos y ya son también parte del país que se pretende construir con el nuevo gobierno.

El maniqueísmo de buenos y malos no sirve para gobernar. Se ejerce el poder para todos, lo que incluye a aquellos que construyeron el fustigado pasado y también quienes no simpatizan o votaron por el gobierno. En algún sentido los gobernantes están más allá del bien y del mal, lo que no los exime de la sistemática evaluación pública y de la crítica.

No todo el pasado de nuestro país nos condena y no todo es responsable de lo que hoy vivimos y nos pasa. En cualquier momento el discurso de crítica al pasado, como eje de nuestros males, se va a desgastar y va a dejar de tener sentido porque los ciudadanos van a empezar a exigir al gobierno resultados.

Las promesas se pueden ir diluyendo por la fuerza de la cotidianeidad en el ejercicio del poder, pero para los ciudadanos no hay olvido porque eso fue el fundamento de su voto y de esperanza para un cambio en sus vidas, en todos los sentidos.

La transformación del país es un largo camino que no llega porque el Presidente nos diga que ya llegó. Los ciudadanos entramos en los terrenos de las urgencias, en donde lo que se quiere son resultados. Lo que se espera es un presente y un futuro distinto, porque en una de ésas el pasado se empieza a ver lejano y fuera del imaginario colectivo, y lo peor es que lo vean con nostalgia.

Éste es el gran reto del gobierno y lo es para todos aquellos que se imponen en sus proyectos las muy necesarias y grandes transformaciones. Se les mira con lupa por todo lo que prometieron y las muy severas críticas que hicieron a los gobiernos que los antecedieron.

Ésta es una de las causas por las cuales la Jefa de Gobierno de la capital está en el centro de la crítica con el tema de la contaminación ambiental, que tan mal nos trae.

Una de las razones es que las críticas que lanzó en el pasado se le están revirtiendo, incluso se le señala que tardó en salir a dar explicaciones. Una de las razones por parte del gobierno de la ciudad, por la cual estamos en medio del caos, es la falta de un protocolo para enfrentar las PM2.5, lo cual se debía haber hecho, se dice, en la pasada administración.

Es evidente que no todo estriba en ello, la misma Claudia Sheinbaum insiste en esto. Estamos en medio de una situación que es por definición multifactorial. Sin embargo, pareciera que el gobierno de la capital no tomó en cuenta los muchos escenarios que se presentan en materia de contaminación en estos meses del año en la ciudad, lo que incluye la revisión del mencionado protocolo para enfrentar las PM2.5.

Suponemos que algo que hoy se ve tan importante y necesario, era obvio que se tenía que buscar y si no estaba se tenía que crear. Lo que sería bueno saber es qué dice a todo esto el gobierno anterior porque los señalamientos, si son ciertos, son profundamente serios.

Lo que es un hecho es que cada vez está adquiriendo menos sentido escudarse en que las cosas no están bien debido al pasado o al neoliberalismo.

En el gobierno deben atender que los ciudadanos ven cada vez más lejos el pasado, al tiempo que ven y exigen su presente, el que les prometieron diferente.

RESQUICIOS.

La violencia no deja de agobiar. No hay día en que no se presenten hechos violentos, a lo cual se ha sumado de manera terrible la capital. Estamos entre el miedo, la violencia y la contaminación.