Bajo la situación por la que estamos pasando se puede aplicar aquello de que “cuando las cosas están mal pueden estar peor”.

Cuando se habla de que ya “se tocó fondo” no significa que va a aparecer una especie de resorte que nos catapulte a un nuevo estado de las cosas. No significa tampoco que se logró detener de tajo el conjunto de circunstancias económicas adversas que nos están llevando a un marcado deterioro y que va cobrando sus consecuencias.

Se han ido incrementando una gran cantidad de circunstancias que llevan a un deterioro económico, al tiempo que la crisis por la pandemia se expande en diferentes ámbitos de la sociedad. En todos los órdenes aparece por obvias razones la economía, lo que va llevando a un deterioro social de brutales consecuencias.

Por más que el Gobierno ha dedicado todos sus esfuerzos a proteger y ayudar a los más pobres no está alcanzando a atemperar el problema de fondo a lo que se suma que otros sectores de la población se están viendo afectados de manera muy severa por las actuales condiciones en que se están dando las cosas. Muchas personas se están sumando a los oprobiosos números de pobres en el país.

Si efectivamente ya se está “tocando fondo” lo que viene es la enorme tarea por encontrar mecanismos efectivos que puedan rearmar la economía sin pasar por alto la relevancia que tiene en el camino la búsqueda de un nuevo tejido social.

Esto último es fundamental, la razón estriba en que si la gobernabilidad no es integral la división interna va a traer consecuencias en varias áreas, lo que incluye la posibilidad de que sea el detonador de confrontaciones sociales inesperadas e inéditas.

El primer deber y prioridad debe seguir estando en la atención a los más pobres. El Presidente atina sin la menor duda en este tema cuando los coloca como prioridad y eje de su Gobierno.

Lo que de manera paralela también tiene que considerarse, la impresión es que hasta ahora no se ha hecho, es entender y reconocer que existe un amplio sector que impulsa la economía y que es una fuerza medular para el desarrollo del país.

Hablamos de quienes no sólo tienen que ver con la generación de empleos, sino que también participan de manera sustantiva en la construcción del ahora muy riesgosamente deteriorado PIB del país.

Se sigue pasando por alto en medio de la larga crisis a las micro, pequeñas y medianas empresas; se les está dando la espalda y en algún sentido también traicionando. Es un sector de la población al que de por sí le está costando en verdad mucho trabajo tener equilibrios en su vida diaria y ahora más con la pandemia de por medio.

Estas empresas están conformadas fundamentalmente por gente joven la cual apuesta y ha apostado su resto por sus propios negocios, sus empleados y también por el país. Son personas echadas para adelante que ante el escenario inédito no tienen de dónde asirse.

Va quedando claro por la experiencia en otros países que el apoyo a estos empresarios resulta ser un punto de arranque para defenderse y enfrentar en la medida de lo posible a la interminable pandemia.

Apostar por la micro, pequeña y mediana empresa es impulsar la posibilidad de frenar el desempleo y tener como país de dónde impulsarse para cuando llegue el momento de que efectivamente ya no se esté tocando fondo.

Se viene un incremento de la pobreza que no va a ser nada fácil revertir. Según la Cepal 49.5% de los mexicanos vivirá en pobreza y 17.1, en pobreza extrema a finales del año.

Por más obvio que sea se requieren soluciones audaces y en algún sentido inéditas para enfrentar lo inédito. Hay indicios de que no se ha tocado fondo y si no fuera así, nuestro problema es el día después.

RESQUICIOS.

Con cerca de 48,000 personas fallecidas y cerca también del medio millón de contagios por el Covid-19, resulta que se andan peleando algunos gobernadores con el científico convertido en político; diría mi abuelita ven la tempestad y no se hincan.