Platicaba ayer con un amigo de cómo nos hemos sentido durante estas últimas semanas de cuarentena. Mencionó estar durmiendo hasta muy tarde, batallar para despertarse. Explicó como en su trabajo, esto de la cuarentena implicó mucho más trabajo para él. Dijo sentirse agradecido porque, al menos, tiene trabajo, y me contó un de una persona que conoce que primero tuvo que correr a más del 90% de su personal, para después ser despedido él mismo. Sentimos gratitud de no estar viviendo la misma situación, pero con la mayor empatía posible porque reconocemos las altas probabilidades de que eso también nos pase a nosotras.

Después le conté yo cómo me sentía. Le expliqué cuánto me estoy distrayendo viendo una serie a la hora de comida y prácticamente toda la tarde-noche, de cuánto estoy batallando para ser tan morning person como acostumbro, del miedo que tengo de ser despedida, tal que incluso he soñado con ello, y de la gratitud que siento con el departamento de Recursos Humanos de mi trabajo. Le expliqué el miedo que siento de que la boda que he estado planeando para finales de este año tenga que ser cancelada, y la necesidad inmensa que tengo de unas vacaciones. Y mi amigo me entendió por completo.

Juntas llegamos a la conclusión de cómo todas las personas estamos viviendo exactamente lo mismo, en magnitudes y escalas distintas, pero por primera vez, a nivel global, es mucho más sencillo ponernos en los zapatos de otras personas.

Hace unos meses, que vi a algunas personas encerradas en un crucero, lo único que podía pensar era: no me imagino estar así. Y ahora sí puedo. Estamos en una situación de tanta incertidumbre, a partir de algo que nunca hubiéramos imaginado, que es bastante sencillo entender la volatilidad de nuestro destino. Y quizá no sólo entender, sino temerle y respetarle. Y puede ser, que bajo esta excusa, aprendamos y entendamos que todo lo que le pasa a la otra persona nos puede pasar también a nosotras, y entonces actuemos con más amor, empatía, entendimiento y comprensión. Estamos frente a una oportunidad maravillosa de volvernos más humanas, en medio de una pandemia. O gracias a una pandemia.