Al expresidente Peña Nieto le vendría bien ser prudente. Se la ha pasado en revistas de sociales, fiestas, primeras comuniones y entregando ramos de rosas a quien actualmente es su pareja.

Debería serlo porque, mientras anda de fiesta en fiesta, en su entorno y en lo que fue su gestión va de escándalo en escándalo; y lo más grave es que en todo está siendo señalado.

Su imprudencia es todavía más notoria porque pocos expresidentes han dejado tal mala imagen y pocos han sido tan impopulares en el final de su administración. Por ello, el cuidado es para que se cuide de todo y, en particular, de una opinión pública que lo tiene señalado y en la mira. O cree que es intocable o supone que lo rodea un halo que lo ubica lejos de los riesgos. Si a estas alturas no tiene conciencia de lo que la sociedad mexicana piensa de él, vive bajo otra realidad o, insistimos, se cree intocable.

Todos los asuntos que tienen que ver con su gobierno lo alcanzan de manera clara. Todos los caminos llevan un rumbo claro: van directo hacia acciones directas e indirectas del hombre que se pavonea en la portada de la revista ¡Hola!, con todo y novia.

El expresidente, en lugar de cuidarse se está exponiendo; y más allá de lo que en el marco legal pudiera pasar, es evidente que tiene el descrédito de una sociedad que, como sea, gobernó por seis años; el descrédito es parte de sí mismo.

Los tres asuntos más delicados que en estos días han llamado la atención y el morbo llevan directamente a él.

Emilio Lozoya quiere tener un cara cara con el expresidente y con quien era el hombre de todas sus confianzas: Luis Videgaray. El exdirector de Pemex ubica a estos dos personajes como parte central de la acusación que existe en su contra. En algún sentido, el hoy perseguido de la justicia tiene algo de razón; se tomaron decisiones que por más que existan estructuras en el gobierno que acaben dando el visto bueno, son asuntos que difícilmente no son del conocimiento y aval de un Presidente y de quien es el encargado de la hacienda pública; de nuevo, todos los caminos llevan a Peña Nieto.

Javier Duarte nunca ha dejado de estar. Se la ha pasado lanzando amenazas. El singular exgobernador ha empezado a soltar las manos, con todo y video de por medio.

Asegura que su detención fue pactada y en la trama coloca al exsecretario de Gobernación y hoy senador del PRI, Miguel Ángel Osorio Chong, y, por supuesto, al expresidente Peña Nieto. Duarte habla de un juego perverso, por un lado le otorgan un dinero para “tranquilizarlo”; y por el otro, le piden ese mismo dinero como “mordida” para que no se metan con su familia.

Dice que la entrevista que le hicieron días antes de su renuncia como gobernador, la pactó el mismísimo Osorio Chong para el canal en el que se confesaban los funcionarios el sexenio pasado; de nuevo todos los caminos llevan a Peña Nieto.

El último de los asuntos es sobre su abogado. Quien acusa a Juan Collado asegura que los expresidentes Salinas de Gortari y Peña Nieto tienen que ver con la Casa Libertad, eje del enorme conflicto en ciernes.

De nuevo, todos los caminos llevan a Peña Nieto; aunque en este caso sea de manera indirecta, y tengamos que esperar lo que determinen las autoridades. Sin embargo, como fuere, el expresidente está en el centro.

Seguimos siendo de la idea que no hubo un acuerdo entre López Obrador y Peña Nieto. El problema es el desgaste que le puede provocar.

Lo que hay que considerar es si vale la pena hacerse a un lado cuando todos los caminos llevan a Peña Nieto; al tiempo que el expresidente, de manera imprudente y obvia se placea bailando con la música siempre sugerente de Los Ángeles Azules.

RESQUICIOS

Las evidencias sobre Naasón Joaquín García, líder de la Iglesia de la Luz del Mundo, empiezan a ser lapidarias. Entre las pruebas presentadas por los agentes de EU, está un video en el que se ve cómo García agrede sexualmente a un adolescente. Dicen que es sólo el inicio.