La CNDH lanzó ayer un programa para prevenir la trata de personas que valdría la pena que los medios de comunicación lo asumieran como propio.

El tema se ha colocado en la agenda nacional, pero todavía está lejos de la conciencia de ciudadanos y autoridades.

El programa pretende llegar a las zonas más apartadas del país, pasando por escuelas, centros comerciales, terminales áreas y de autobuses, calles, postes y espectaculares.

A nivel mundial México es uno de los países a los que más afecta. Lo vivimos en cada esquina y no nos damos cuenta, o no queremos darnos cuenta.

Muchas cosas que pasan en las grandes ciudades son escenarios de trata, pero como se han ido convirtiendo en parte del decorado, por decirlo de alguna manera, los pasamos por alto y los definimos con estereotipos.

No nos preguntamos qué hay detrás del niño que ofrece chicles en la esquina, de la mujer indígena que afanosamente busca vender lo que sea, de quiénes están detrás de la piratería y cuáles son sus condiciones de trabajo, por mencionar lo que está a la vista.

Hay otra manifestación de la trata de personas que es más brutal y que está en línea con lo que podríamos llamar recreación, y no pensamos y menos imaginamos lo que puede estar detrás de ello, empezando por grandes organizaciones delincuenciales.

La pornografía en todos sus niveles, la prostitución, todo lo que pasa por Internet, en donde por ser parte de un juego se pierde de vista lo que está detrás en cuanto a explotación, violencia, secuestro, intimidación, chantaje, abuso sexual; todo ello como parte de la vida de millones de personas en el país.

Bajo el engaño, el supuesto enamoramiento, la ingenuidad, la candidez, muchas jóvenes mujeres pueden dejarse ir para caer en un tobogán sin final. De la esperanza y la ilusión se pasa a una pesadilla de la cual no se sale.

Prevenir es el nombre del juego. La CNDH está haciendo su parte, la cual se suma al trabajo de muchas ONG y al de comprometidas senadoras. Para colocar el tema de trata de personas en definitiva en la agenda nacional los ciudadanos tenemos que hacer el resto.

Hay que reeducarnos en un asunto que quizá en otro tiempo pudimos ver como “normal” por falta de información. No era “normal”, era y es la manifestación más oprobiosa de la condición humana.

[-] RESQUICIOS. Así nos lo dijeron ayer:

El informe de la CIDH es una pastilla muy amarga que hay que tragarse rápido. No se basa sólo en la visita a cinco estados, es consistente con investigaciones y diagnósticos de años: Ernesto López Portillo, director Insyde.

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