Algunas trabajan en casa, cuidan a sus hijos e hijas, les educan, hacen comida para su familia, mantienen todo en orden.

Otras, además de eso, tienen un trabajo que implica salir de sus casas. Normalmente, apuran todo en la mañana para tener desayunos y comidas listas, se preparan para ir a trabajar y para dejar a sus hijos e hijas en la escuela, guardería o casa de quien les cuida. Salen rápidamente de sus casas, sus corazones se rompen un poco al dejarles en donde les tengan que dejar, y empiezan la segunda parte de su día laboral, con aquello que sea lo que deben hacer, pero seguro cumpliendo objetivos, llenando reportes, compartiendo responsabilidades y viendo las horas pasar.

Terminando esa parte de su día laboral, regresan a casa para estar con sus hijos e hijas, quizá terminar cosas de su otro trabajo, mientras siguen con comidas, limpieza, tareas, y más orden.

Entiendo lo complejo que puede ser responsabilizarse por ambas cosas. Una vida depende de ellas y además tienen otro trabajo que les demanda tiempo y esfuerzo.

Y luego, pasa algo como lo que está pasando actualmente.

Para muchas de esas personas que conozco, esta cuarentena, si era posible, les aumentó el trabajo a niveles insospechados.

Si es que no tienen un trabajo por el que salen, la cantidad de personas con las que están diariamente en casa seguro aumentó, con sus parejas trabajando en casa y sus hijos e hijas sin poder estar en guardería o escuela. Esto entorpece y aumenta todas aquellas tareas que ya hacían antes de esto, y seguro agrega unas más (como el homeschooling).

Si es que siguen yendo físicamente a sus trabajos, el esfuerzo que hacen para desinfectarse antes de llegar a casa es increíble (quitarse los zapatos en el carro, desvestirse apenas entran, ducharse), eso sin hablar del cansancio mental que implica saberse un riesgo para aquello que más protegen.

Si es que ahora trabajan desde sus casas, intentan hacer todo eso que ya hacían antes, más aquellas tareas nuevas, todo al mismo tiempo. A todos esos objetivos que ya tenían en sus trabajos, agreguemos todo eso que esta crisis ha agregado, y hacerlo al tiempo que conviven en casa con hijos, pareja, mascotas.

Ni siquiera me atrevo a pensar aquello que están viviendo las personas que han perdido sus trabajos, además de todo esto.

En este pedacito que tengo para expresarme, sólo le puedo decir a esas personas algunas cosas: deja de preocuparte por aquello que no sea prioridad. ¿Y qué es prioridad?, por ahora, principalmente, tu salud física y mental y la de aquellas personas que amas. Lo demás se irá dando por añadidura. Sé amable contigo en el proceso, y ve poco a poco. Acompáñate, no estás solo ni sola. Habla de cómo te sientes y encuentra otras personas que puedan empatizar contigo para encontrar otras formas de sentirse mejor.

Siéntete tranquila o tranquilo. Diría la galletita de la suerte que encontró una amiga hace algunos años: Vas a estar bien, seguro no en la forma que lo planeaste.

Por último, enorgúllecete. Estás haciendo algo que seguro no pensaste tendrías que hacer ni en tus más descabellados sueños. Y ahora lo estás haciendo. Lo estás haciendo bien.