No recuerdo cuándo nos conocimos o en qué evento fue. Coincidimos en el trabajo en ese tema y además en el de Psicoterapeutas. Sabía, a grandes rasgos, de tu Maestría en Psicoanálisis (o algo así) y guardé esa información y la ubicación aproximada de tu consultorio en ese lugar en mi mente donde guardo lo que después puede ser útil.

Después uno de mis mejores amigos buscaba terapia. Fue cuestión de geografía que le recomendé contigo, le quedaba más accesible tu consultorio. Lo escuchaba disfrutando su proceso, descubriendo cosas de él mismo, retado y feliz al mismo tiempo.

Yo tenía un par de años queriendo volver a terapia y sencillamente no encontraba conexión con ninguna Psicoterapeuta o Psicoanalista.

Un día, tuve una situación en una de mis mismas consultas, es decir, yo estando en el sillón de la Psicoterapeuta. Investigué con un amigo y colega qué me sugería hacer en esa situación y su recomendación fue sencilla y tajante: ház análisis tú misma.

En ese momento me pareció extraño no haberlo considerado antes ¿por qué no había ido yo misma a psicoanálisis contigo?

Te escribí, agendamos. Este 21 de junio será un año de ese día.

Disfruté ese camino de mi trabajo al consultorio, apenas unos 10 minutos sin tráfico.

Entré al edificio, y ese elevador me fascinó. Aparecen las letras LB en el piso donde subo. “Lobby”, asumí que es, pero me gustó pensar que son mis iniciales. “Es una señal, debo estar aquí”. Entré al consultorio y otras señales: todo limpio, orden y minimalismo. Un Van Gogh en la pared. Es mi espacio.

Me parece que, de todos, este es el proceso psicoterapéutico/psicoanalítico que más he disfrutado y que más me ha retado. Ha sido bellamente doloroso, conocerme con ese nivel de profundidad, y estoy eternamente agradecida por tu profesionalismo y tu apertura. Agradezco esas preguntas detonantes justo cuando no sé cómo seguir, agradezco los espacios de silencio, los kleenex en el momento preciso, agradezco esas sesiones que se pasan de la hora si lo ves necesario, agradezco tus respuestas empáticas, tus miradas de complicidad, que rías conmigo y que prestes atención. Agradezco saberme escuchada sin juicios, el recordatorio semanal para vernos, el entendimiento si cancelo una sesión, la pregunta para saber si me estoy resistiendo. Agradezco saberme acompañada en este proceso de autodescubrimiento que no sabía cuánto necesitaba. Gracias por ser y por estar.

Feliz día a todos los Psicólogas y Psicólogas que ejercen su profesión con amor y profesionalismo, y felicidades a todas las personas que valoran este trabajo cada vez más necesario.