El Presidente seguramente se percató de lo que estaba pasando con el recorte al presupuesto de las universidades públicas y a la cultura.

La decisión de reducirlo le pegaba a instituciones pilares en el desarrollo del país, tanto en la formación de mujeres y hombres, como en la investigación científica y la difusión de la cultura.

Lanzó una idea incontrovertible: “hay que hacer más con menos”, para justificar la estrategia. Este supuesto valdría si las universidades estuvieran en jauja o algo parecido. Los presupuestos de las universidades no sólo son para pagar la nómina.

La investigación científica, indispensable para la vida universitaria, tiene un alto costo. Requiere de inversiones que no se deben escatimar. Que los gobiernos no lo hayan entendido no quiere decir que tengan la razón.

Las grandes transformaciones en Alemania, Japón, Vietnam, Corea del Sur, Singapur e incluso Brasil, a pesar de la difícil situación económica por la que atraviesa, entre otros países, pasa por la importancia que le conceden a la ciencia y lo que invierten en ella.

Lo que se otorga a las universidades debe ser visto de manera multifactorial. No todo se va a resolver con la creación de 100 universidades. Si bien se deben abrir espacios para los jóvenes, la cuestión es hacia dónde los vamos a llevar bajo este proceso.

El proyecto de López Obrador debe tener en las actuales instituciones de educación superior a uno de sus pilares. No se trata de no crear nuevas universidades, sino de no quitarles a las que están probadas y que han sido piezas centrales en las transformaciones a las que se refiere el Presidente.

Son las que, de alguna u otra forma han escrito la historia del país, y las que a él mismo lo han formado. Como egresado de la UNAM sabe lo que se vive y padece. Por más que esto haya sido hace muchos años, vivió la universidad con intensidad y, en particular, por pertenecer a una Facultad tan movida como es la de Ciencias Políticas y Sociales.

Se ha mencionado que las universidades dobletean funciones entre ellas y también se han insinuado irregularidades, lo que en el lenguaje del actual sexenio podría ser sinónimo de corrupción. Esto tiene que aclararse, no le vienen bien al país ni a los universitarios estas insinuaciones.

Si bien todo es importante en y con las universidades, lo que particularmente las distingue, y por lo que adquieren gran relevancia social, es que son, por definición y convicción, centros críticos y de análisis del país, en todos sus órdenes.

Ayer el Presidente reculó, fuera “error” o no, en un asunto que suponemos es para él importante, significativo y sensible. Lo que inquietaba, respecto a lo que originalmente estaba en el presupuesto, era la forma en que pudieran estar viendo a las universidades públicas.

Ayer en la mañana el Presidente ofreció pocas pistas sobre el tema. Cuando se le interrogó sobre ello, dijo que la decisión estaba en la Cámara de Diputados donde, como se sabe, la mayoría es de Morena. Se le insistió, a lo que respondió que buscaría conversar con los rectores.

Pero por la tarde quizá fue viendo el problema que podría estarse incubando y que podría serle serio, grave y trascendente.

Si bien está claro que el gobierno está tomando decisiones controvertidas, las cuales había anunciado, también es cierto que se le vienen agolpando muchos frentes al mismo tiempo.

Se le estaba abriendo uno más con las universidades públicas. Ayer, con “error” o sin él, pensemos que sensata y sensiblemente se deshizo del lío que le estaba creciendo.

RESQUICIOS.

Joyas del escritor Manuel Vicent:

“Las redes son las formas que ha adoptado Satán para destruir a la humanidad. Conceden al idiota, al fanático, un poder omnímodo increíble con sólo apretar las yemas de los dedos sobre un teclado… también las redes pueden ser Lucifer, el portador de una nueva luz de inteligencia… el bien y el mal se debaten en la forma en cómo se utilizan las redes”.