El camino a la reelección del presidente Trump es hoy por hoy, como una autopista, bien pavimentada y con diversas rutas de llegada.

Pero no es del todo segura. El principal factor que puede descarrilarlo del camino, un camino que se ha construido en base a una economía en crecimiento, a una reestructuración de la política comercial, y a una férrea afronta a la migración ilegal, temas que sus votantes y hasta votantes independientes le reconocen, puede verse opacado si Trump cruza, aún más, línea del racismo.

Atacar a la nueva generación de Congresistas que lograron el año pasado hacerse de un escaño en el Capitolio, y que representan la Legislatura más diversa de la historia de los Estados Unidos, equivale a descarrilarse del camino, a salirse por completo de la autopista de su reelección.

Y es cierto que su discurso racista le ha resultado en votos también, pero el pedirles a ciudadanas estadunidenses que se regresen a su país de origen, con ese desprecio y de esa manera tan despectiva, no solamente es inaceptable sino que le pueden costar una parte del electorado que Trump necesita para ganar.

Trump le está dando un suspiro a los Demócratas que en mi opinión deben reducir ya su número de aspirantes a la candidatura y enfocarse en los perfiles que si pudieran competirle a Trump.