Estamos enfrentándonos a uno de los retos más importantes de nuestra historia que va desde lo personal hasta lo grupal. Hoy por hoy, las malas noticias nos invaden día con día. La desafección y el hartazgo se han apoderado de nosotros.

Cada cierto tiempo, esperamos que nuestra situación cambie. Esperamos con ansias, que nuestra vida pueda dar un giro de 180 grados. Poder alcanzar lo que siempre soñamos, o al menos, que nuestros hijos puedan.

Pero quiero compartirles, que efectivamente todo eso sí es posible. Solamente se requiere de un esfuerzo extra y una verdadera ruta para poder llegar ahí.

En Tamaulipas las cosas no están bien, y esto no es un secreto sino una realidad. Hace 10 meses tomé la decisión más importante de mi vida y me di la tarea de poder sacar una verdadera radiografía de lo que sucede en el estado. Poder conocer y de verdad palpar todas sus regiones, me ha dado el verdadero pulso de que sucede en mi estado. Y no, no está nada bien.

En el sur vemos a una sociedad que, a pesar de las grandes inversiones y de los proyectos concretados, carecen del sentido colectivo, y son ajenos a lo que sucede a su alrededor. El sector cañero, una zona rica por su vegetación y por su capital humano, viven una cierta antipatía por el temor de lo que pueda pasar. Que podemos decir de la frontera de Matamoros, Río Bravo y Reynosa; que han sido golpeados por la inseguridad y los malos manejos. El Valle de San Fernando, una región caracterizada por mano de obra, han sido lastimados por la avaricia y la corrupción. La frontera chica, una región llena de historia para nuestro país, vive una de las situaciones más grandes de abandono, las ciudades van en decrecimiento y parece que a nadie le importa. Contamos con la puerta comercial más importante de México, Nuevo Laredo; a pesar de su gran sentido de arraigo, les hace falta “algo” para que seamos parte de un mismo equipo. Por último, y no menos importante, la capital del estado; un lugar que era reconocido por ser una ciudad limpia y con gente amable. Encabezado por uno de los alcaldes más irresponsables en su historia, ha sido la burla de propios y de extraños.

Eso es lo que he percibido, eso es lo que más de 48,000 kilómetros me han enseñado en estos poco más de 10 meses. Sin embargo, hay un común denominador que me da cierta alegría y esperanza… Su gente.

Somos personas que hemos sido capaces de adaptarnos a los cambios. Que, a pesar de la adversidad, procuramos mantener la sonrisa y ser cálidos entre nosotros. A pesar de que se sigan burlando de nosotros, seguimos luchando día con día para poder ofrecerles un mejor futuro a nuestras nuevas generaciones.

Es momento de levantarnos, de sentirnos capaces y creer en nosotros mismos.

¡Despierta Tamaulipas!