Hace unos días, recibimos la triste noticia de que el Amazonas tenía semanas ardiendo en llamas. La consternación y la tristeza nos invadió a muchos. Líderes, políticos, empresas, prácticamente todos, hicimos pública nuestra opinión “apoyando” o “solidarizándonos” ante esta terrible situación.

Al cabo de los días, medios de información siguieron con sus agendas propias, así como muchos de las personas. Sin embargo, creo que no hemos dimensionado el impacto que ésta catástrofe afecta en nuestra vida diaria; incluso, en nuestro futuro como humanidad.

Permítanme explicarles con datos duros lo que esto nos representa.

El amazonas mide más de 6.7 millones de kilómetros cuadrados, esto equivale al tamaño de Australia, dos veces el tamaño de la India, o más sencillo, más de tres veces de lo que mide México. Es la mayor cuenca de agua dulce del planeta, abarcando nueve países de Sudamérica.

El 10% de las especies animales, habitan ahí. El 20% o pongámoslo así, 1 de cada 5 respiraciones que tú o que cualquiera de nosotros hacemos, es gracias al territorio amazónico. Es también el principal apoyo para detener el cambio climático causado, por supuesto, por el ser humano.

Por otro lado, la reacción de su gobierno.

Un gobierno radical, encabezado por Jair Bolsonaro. Este señor culpa a los ambientalistas y ONG´s, afirmando que gracias a sus políticas promueven la deforestación. Personaje necio que lucha todos los días para engañar la percepción de la gente minimizando la situación. Pero lo único que nos queda claro es su soberbia y la ineptitud ante un plan de contingencia.

Situaciones como estas son ejemplos que ameritan una reflexión profunda de TODOS haciéndonos dos preguntas esenciales:

1.-¿Qué estamos haciendo como especie “inteligente” para preservar y mejorar la casa de todos… Nuestro planeta?

2.- Los gobiernos que escogemos, ¿realmente están trabajando a favor de nuestro medio ambiente o solamente para sus intereses personales?

Pensemos con calma y tomemos cartas en el asunto… ¿Y nosotros qué?