La muerte siempre nos toma por sorpresa. Así se trate de una persona mayor, que ha estado tendida en cama, o entrando y saliendo de una enfermedad, siempre genera un sobre salto enterarnos del fallecimiento de alguien. Sin embargo el desconsuelo es todavía mayor, cuando la persona es joven. Tal fue el caso de Aída Nader Feres, hija del alcalde Chucho Nader de Tampico y esposa de Abraham Hanun, un buen amigo.

La partida de Aída nos ha cimbrado por la tristeza de perder de forma inesperada a una mujer joven, madre de tres pequeños. Pero el legado que nos deja este lamentable suceso es uno de amor. Esta vida es para amar, para reír, para disfrutar, para vivir en el aquí y el ahora, sin espacio para los lamentos o rencores.

Guardar rencor es como llevar una piedra —grande, pesada e inútil— en la bolsa. Estorba, quita espacio, lastima el hombro y la espalda. Dificulta nuestros traslados y hace imposible que no pensemos en otra cosa más que lo pesado de nuestra situación. Cuánto más nos aferremos a la historia de que alguien nos lastimó, de que no se nos ha hecho justicia y más energía le dediquemos a desearle “su merecido” a quien nos trató con vileza, más grande y pesada se vuelve la piedra.

Sin embargo cargar es piedra es opcional. Nadie nos hizo a colocarla ahí, ni nadie nos obliga a seguirla cargando. La cosa es que reconocer que guardamos rencores implica un acto de humildad para con nosotros mismos. Hay que vernos en el espejo, aceptar que alguien nos hizo un daño, o una situación salió mal, o simplemente no se cumplieron nuestras expectativas… y dejar ir. No hay más. Ya no se puede corregir, no hay marcha atrás, nada va a cambiar y no importa. Porque debemos desarrollar esa capacidad de soltar lo que no nos sirve, en especial si nos lastima.

Sacar los rencores, aunque sea difícil, será liberador. Nos hará sentirnos más ligeros, más en paz, más generosos. Nos coloca en un presente optimista en el que somos dueños de cómo nos sentimos.

Quien no sea capaz de desprenderse de las emociones negativas estará condenado a vivir una vida de amargura. Así tenga millones en su cuenta de banco, sentirá que no es suficiente. Así haya gente que lo quiera, desconfiará de ellos. Así tenga una buena vida, la envidia lo tendrá comparándose con otros.

Por el contrario quien agradece lo que tiene, sea mucho o poco; quien sufre, porque no todo en la vida es reír y cantar, pero no deja que el sufrimiento lo ahogue; quien vive en el presente maximiza su capacidad de amar.

Esta vida es para vivir en el hoy y para aprovechar cada momento con amor.

Hagamos que la partida de Aida sea un recordatorio de que solo estamos de paso. Ama y vive sin rencores, perdona y ten la seguridad que tu día llegará, y el día que llegue procura llegar con la mochila vacía.

En memoria de Aida Nader Feser Q.E.P.D.

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