Los demócratas acusaron formalmente a Donald Trump por abuso de poder y obstrucción al Congreso. Lo que sigue es la votación en la que el inquilino de la Casa Blanca será procesado (“impeached”), lo cual abre la puerta al juicio político que se realizaría en el Senado, de mayoría republicana, posiblemente a principios del próximo año. El líder de dicha mayoría, Mitch McConell, pretende que el juicio sea lo más rápido posible y de muy bajo perfil, para que no inlfluya en las próximas elecciones primarias de los candidatos al Senado, y para que el tema pase a segundo plano una vez que, como sucederá con toda probabilidad, los senadores republicanos absuelvan al presidente. Trump no está de acuerdo con McConell.

Según fuentes cercanas a la Casa Blanca, el magnate quiere un juicio largo y muy mediático. Su deseo es que llamen a declarar a personajes como Adam Schiff, diputado demócrata y mayor promotor del impeachment; a Joe Biden y su hijo Hunter (por el caso de Ucrania que detonó todo este tema), entre otros opositores, para que aparezcan ante los ojos del público como “juzgados” también. Que haya una especie de enfrentamiento político muy visible.

Trump sabe que al final no habrá los votos suficientes para removerlo de la presidencia. Por eso quiere una larga batalla presentada por los medios, y así poder levantar los brazos, hacer mucho alarido, y gritar al mundo que ganó, que no lo pudieron vencer, que todo fue una cacería de brujas, y que a pesar de lo “injusto” que lo han tratado los legisladores demócratas y los medios de comunicación de la “élite”, salió avante. Todo con miras a ganar las elecciones del 2020.

APUNTE SPIRITUALIS. Y vaya que Donald Trump sabe de televisión. Es un experto en rating y en generar contenidos de interés para grandes audiencias. Eso es lo que, según dicen, está tramando para su propio juicio. Es un riesgo, pero por lo visto, está dispuesto a tomarlo. Habrá que ver si convence a sus compañeros de partido en el Senado.