Joe Biden ha presentado a quienes, de ser aprobados, serán algunos de los más importantes miembros de su gabinete. Solo con la experiencia que han tenido en el gobierno y en particular en las áreas que estarán atendiendo, vemos la enorme diferencia entre la administración saliente de Trump, y la nueva que arranca el 20 enero.

Pero además de la experiencia hay un cambio importante de filosofía. Se acabó, al menos por cuatro años, el “Estados Unidos primero” (“America first”), y volveremos a ver un liderazgo de corte más globalista. Anthony Blinken, nominado como secretario de estado, será clave en el resarcimiento de las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados, sobre todo los europeos, así como el regreso a algunas posturas firmes en torno a derechos humanos. El cambio climático será un asunto central, con John Kerry a la cabeza en un nuevo puesto a nivel gabinete; Linda Thomas-Greenfield como embajadora ante la ONU, tendrá una visión mucho más incluyente en el plano mundial; y Alejandro Mayorkas será el primer latino en dirigir el Departamento de Seguridad interna, por poner algunos ejemplos.

Pero habrá que ver si este cambio significa también tomar en cuenta lo que llevó a Trump al poder en 2016 y no simplemente volver al status quo pre-Trump. Es decir, lo ideal sería que la visión del gobierno Biden sea internacionalista, no intervencionista; que sea fortalecedora de las instituciones globales, no habilitadora de un mercado financiero sin riendas que deja a millones de olvidados (muchos de los cuales votaron por Trump, por cierto); y que tenga liderazgo verdadero, y no solo imposición de intereses particulares.

APUNTE SPIRITUALIS. En fin, Biden tendrá un mandato importante, con sus más de 80 millones de votos, y el alivio de muchos países occidentales, pero deberá tomar en cuenta a los casi 75 millones de personas que votaron por Trump, y las causas de fondo que llevaron al poder a un gobierno populista y aislacionista que puede volver en cualquier momento.