Felipe Calderón se enredó solito cuando planteó que le declaraba la guerra al narco. Tiempo después se retractó, dijo que viéndolo bien aquello de la guerra no era precisamente una guerra.

El expresidente y su equipo tuvieron que insistir en que no había guerra. Fue muy difícil quitar esta idea entre la opinión pública. Analistas, investigadores, periodistas, entre otros, fueron severamente críticos con argumentos atendibles, sobre lo que significaba y el riesgo que tenía para el país que el gobierno, en algún sentido el Estado, le declarara la guerra a un grupo delincuencial.

¿En qué niveles estaban la cosas que el gobierno se vio forzado a llegar a esta expresión? ¿Qué es lo que estaba pasando, y sobre todo qué información y diagnóstico tenía el gobierno, que lo llevó en un primer momento al planteamiento que hizo?

Visto a la distancia todo indica que el gobierno estaba bajo un escenario complejo, el cual no supo ni leer ni interpretar. El paso del tiempo demostró que la estrategia no funcionó y que el problema se agudizó. La sociedad y el país entramos en una espiral de violencia, muerte, inseguridad, impunidad, tristeza y un profundo dolor del cual, dígase lo que se diga, algunas entidades no salen.

Peña Nieto se encargó de seguir la misma ruta. En un primer momento vendió la idea de que iba a cambiar la estrategia. Eso dijo quizá para verse diferente, pero en el fondo hizo en algún sentido casi lo mismo que Calderón. La singular estrategia, podríamos decir que corregida y aumentada, nos trajo más violencia, más muertes, más inseguridad, más impunidad, más tristeza y más dolor.

López Obrador dijo ayer que esa guerra ya se había acabado…“oficialmente ya no hay guerra, nosotros queremos la paz”. El Presidente se está poniendo otros objetivos en la lucha contra el narcotráfico, del cual, por cierto, trata de hablar explícitamente poco o nada.

Dice el mandatario que no va tras los grandes capos ni por hechos espectaculares, “se perdió mucho tiempo en eso y no se resolvió nada… ya no es la estrategia de los operativos para detener capos”.

La fuerza de las cabezas de las organizaciones delincuenciales es por lo general efímera. Pocos tienen una presencia e influencia por tanto tiempo como es el caso de El MayoZambada, quien hasta se dio el lujo de fotografiarse y medio dejarse entrevistar por Julio Scherer.

El Presidente tiene en la Guardia Nacional su gran apuesta para que el país sea seguro y que con ella cambie el actual estado de las cosas. Supone que con su presencia en todo el territorio nacional se va a atemperar la violencia, lo cual va a permitir enfrentar a la delincuencia con otros instrumentos y que sobre todo le va a brindar la deseada tranquilidad a la gente.

A estas alturas todo tiene una dosis de enigma. No se sabe en qué términos va a ser aprobada la Guardia Nacional. Por más poder que tenga el Presidente en el Congreso existe un principio de mayoría, lo que impide un mayoriteo en cambios constitucionales; dicho de otra manera: No hay atajos y en una de ésas van a necesitar del PRI: Ver para creer.

¿Se debe atacar al narcotráfico sin tocar a los capos? No hay país que lo haya hecho. No es lo único que hay que hacer, pero son ellos quienes mueven el dinero y las relaciones con el poder político, son la cabeza de la corrupción, por más que su liderazgo sea efímero.

López Obrador quiere hacer las cosas de manera diferente, pero mientras, no se lleva a cabo una lucha integral, lo que incluye seguir y atacar la ruta del dinero, que es donde les duele y además la legalización de las drogas; ni la Guardia Nacional ni la buena voluntad ofrecerán resultados.

Que no se hable del narco no quiere decir que ya no ande entre nosotros, es cosa de ver el problema del huachicol.

RESQUICIOS.

Se resolvió el conflicto de la CNTE en Michoacán. Ya se verá cuánto dura el arreglo. Siguiente parada Oaxaca y, en una de esas, Chiapas; seguramente será igual.