Más allá del triunfo de Joe Biden, e independientemente de lo que suceda con los intentos desesperados de Trump de revertir la elección, lo cierto es que los demócratas, la izquierda norteamericana, tendrá que hacer un profundo análisis de su situación actual.

Y es que la clara victoria de Biden en el voto popular contrasta con la pérdida de algunos escaños en el Congreso y con lo cerrada que quedó la contienda por el Senado. ¿Por qué muchos norteamericanos, entonces, votaron por Joe Biden, pero no votaron por otros demócratas? ¿Por qué en medio de una pandemia mal administrada y con un presidente con altos índices de impopularidad, el partido de oposición no tuvo una victoria más contundente?

Falta todavía que terminen los recuentos, los porcentajes y los números finales, pero por lo que vemos ahora, la economía sigue siendo uno de los temas esenciales, con todo y la crisis de salud. Y en términos de economía la mayoría de los votantes siguen teniendo serias dudas con el Partido Demócrata sobre todo por el ala progresista que es percibida como socialista, una palabra que sigue sin caer nada bien en el grueso de la población.

Por otro lado está la política identitaria extrema que tanto daño le ha hecho a la izquierda en Estados Unidos y que, en lugar de seguir posicionándose en defensa de las minorías, un buen porcentaje de norteamericanos los ven como el partido de la aburrida y a veces peligrosa corrección política con ínfulas de élite intelectual "moralmente superior”. Un ejemplo fue la campaña “defund the police” (reducir el presupuesto a la policía), luego de la muerte de George Floyd. Esa reacción fue un terrible error que terminó volteando la tortilla de la atención mediática.

APUNTE SPIRITUALIS. Tendrán pues los demócratas la tarea de ver cuál camino querrán seguir, y si consideran que la visión supuestamente más intelectual, esa hipersensibilidad social y la semántica socialista, es la que realmente los define.