AP Foto/Christian Chávez
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CIUDAD DE MÉXICO.- Los estadounidenses que viven en una pequeña comunidad agrícola en México fundada por sus ancestros mormones están sopesando si se quedan o se van tras enterrar a algunos de los nueve niños y mujeres masacrados esta semana por narcotraficantes en una emboscada.

La que había sido una existencia pacífica en un fértil valle rodeado de montañas escabrosas y matorrales del desierto a unos 112 kilómetros (70 millas) de la frontera con Arizona se tornó cada vez más peligrosa en los últimos años debido a que los cárteles del narcotráfico ejercían su poder y se enfrentaban entre sí en el estado de Sonora.

Pero La Mora, una aldea de unas 300 personas donde los habitantes crían ganado y cultivan granadas, “cambiará para siempre” tras los asesinatos del lunes, ocurridos mientras las mujeres iban con sus hijos a visitar a unos parientes, dijo David Langford entre lágrimas mientras hablaba ante los asistentes al sepelio de su esposa, Dawna Ray Langford, y sus hijos de 11 y 2 años.

"Una de las cosas más preciadas en nuestras vidas es la seguridad de nuestra familia”, dijo Langford. "Y no me sentiré seguro. Ya van varios años que no me siento seguro aquí”.

Los cuerpos de Rhonita Miller y cuatro de sus hijos fueron trasladados el viernes en una caravana de camionetas por el mismo camino de tierra donde fueron asesinados, para su entierro en la comunidad Colonia LeBarón, en el estado de Chihuahua. Muchos habitantes de las dos comunidades _para ir de una a otra se requiere recorrer caminos no pavimentados durante cinco horas_ están emparentados. Se consideran mormones, pero no están afiliados a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y muchos tienen doble ciudadanía: estadounidense y mexicana.