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Repetir, repetir, repetir

Carolina Hernández habla en Sin Esdrújulas de los propósitos porque estamos empezando el 2024 y como cada Año Nuevo nos llenamos de deseos para ser una mejor versión de nosotras mismas.

Publicado el

Por: Carolina Hernández

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MONTERREY, Nuevo León.- Hola, ¿qué tal? Yo soy Carolina Hernández y este es Sin Esdrújulas 2.0 tu micro mini podcast en el que leo cosas que escribo sin propósito aparente / favorito.

Y esta vez por supuesto quiero hablar de propósitos porque estamos empezando el 2024 y como cada Año Nuevo nos llenamos de deseos para ser una mejor versión de nosotras mismas.

Somos animales de costumbres y la costumbre dice que cuando acaba un año en el calendario gregoriano es el momento ideal para ponernos nuevas metas.

¿Por qué hacemos eso una y otra vez?

La respuesta, dicen quienes saben, es porque la repetición se siente segura.

Es como aprendemos y el cerebro lo sabe.

Repetimos la tabla del 7 una y otra vez hasta saber que 7x6 son… 42.

Repetimos series de ejercicios para gustarnos en el espejo del gimnasio.

Hacemos planas como Bart Simpson para aprender que no debemos esculpir dioses.

Repetir es quizá el mecanismo de aprendizaje más natural y poderoso que tenemos.

Las repeticiones generan profundos surcos mentales que terminan siendo respuestas automáticas y precisas.

Por eso, a veces, también repetimos lo malo.

Freud, nuestro psicoanalista no favorito, incluso pensaba que la compulsión de la repetición era un reflejo del instinto de muerte, un impulso inconsciente hacia la autodestrucción.

Y pon tú que un poco sí, pero no.

Y es que sí, a veces repetimos patrones de conducta que sabemos no van a terminar bien.

Tú sabes de qué estoy hablando. Elegir el mismo tipo de relación afectiva que una vez se sintió chido pero que acabó contigo cantando canciones de Bad Buny.

Pero ahí vas. Y es que, lo que pasa es que si algo nos hizo sentir bien una vez, tendremos la tendencia a hacerlo una y otra vez, incluso después de que deja de producirnos la misma sensación.

Porque nuestro cerebro conoce ese camino porque lo ha repetido una y otra vez.

Cuantas menos cosas nuevas enfrentemos todos los días, menos inseguras nos sentiremos.

Por más que nos guste pensar que somos seres super complejos, la realidad es que -en general- somos bastante básicos.

Por poner un ejemplo: Topan el famoso tema de la película 'Tiburón”, ¿no?

(SUENA TEMA)

Pues está compuesto de solo dos notas distintas, repetidas una y otra vez.

Y por eso, aunque no hayamos visto la película, podemos reconocer la rola.

Simple y repetido.

Pero como siempre con el cerebro, ese maldito estafador, hay un truco.

La mayoría de las personas nos definimos a través de historias de nuestro pasado. Construimos un montón de recuerdos y tomamos decisiones basadas en ellos.

Ajá. Muchos son inventados.

Nuestros recuerdos se sienten reales, pero a menudo están distorsionados. Los creamos llenando huecos en las historias.

Un eco repetido de un eco, de un eco.

Entonces quizá estemos pensando que somos esa persona porque así hemos sido siempre y resulta que no, que nos costruimos esa idea de lo que fuimos.

Nos repetimos esa historia hasta que nos la creímos.

A lo que voy es que nos mama repetir.

Entonces, cuando suenan las 12 de la noche del 31 de diciembre, lo que hacemos son… propósitos.

Año con año hacemos propósitos.

Y está perfecto, pero quizá sería una buena idea alinear nuestros propósitos, no a la persona que construimos a base de repetirnos historias, sino a esa persona que puede contarse una historia nueva todos los malditos días.

Levantémonos un miércoles cualquiera a mitad de julio convencidas de lo que queremos ser y comencemos a tratar de serlo.

Sin rituales, sin advertencias, sin publicidad, sin repetir las 12 campanadas

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