¿Bukele quiere militarizar la educación?
Nayib Bukele nombró a una capitana militar como ministra de Educación en El Salvador, quien impuso medidas de disciplina estricta en escuelas.
Hace unos días Bukele, presidente de El Salvador, designó a una capitana de la Fuerza Armada salvadoreña, Karla Edith Trigueros, como titular del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología.
Y como militar implementó de manera oficial 10 medidas que todas las escuelas públicas deben cumplir donde destaca que todos los días los directivos deben recibir en la puerta a los alumnos para además de saludarlos, revisar que su uniforme esté impecable, que su presentación sea correcta y que su corte de pelo sea “adecuado”, recortado.
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La medida ha sido controversial pues poner al frente de la educación a una militar que no tiene experiencia en la materia pues es médica, parece responder más a una intención de militarizar la educación así como de lograr sujetos dóciles y obedientes. Una medida hasta eso coherente con el proyecto cuasi dictatorial que está construyendo Bukele.
Sin embargo las medidas impuestas no parecen del todo extrañas. La escuela ha estado atada a ese tipo de prácticas a lo largo de la historia, por eso la similitud que guarda con fábricas, cárceles y cuárteles, son instituciones disciplinarias que con base en horarios estrictos (una campana), control de los cuerpos, vigilancia constante y normalización de conductas lo que buscan es disciplinar, producir sujetos dóciles y útiles.
No obstante cuando hablamos de educación lo que tenemos que preguntarnos es si todas esas prácticas realmente sirve a los propósitos educativos: ¿Traer el pelo corto o la falda a la rodilla hace mejor el proceso educativo? ¿Esto hará que los alumnos obtengan mayor conocimiento? ¿que piensen con mayor agudeza?
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Varios analistas dicen que obligar a los estudiantes a seguir una estética militar y participar en actos cívicos es volver a la educación del siglo pasado que no responde a lo que necesitamos actualmente. Quienes han sido críticos a las medidas sostienen que la educación requiere pensamiento crítico, metodología innovadora y enfoque en derechos humanos, no uniformidad disciplinaria. Yo estoy de acuerdo.
Y creo que el problema que ahora se presenta en El Salvador es uno que sirve para hablar de la educación y de los espacios educativos. Por un lado me parece que las escuelas son de los espacios que menos han innovado en su arquitectura y diseño en los últimos 100 años, y por otro vale la pena poner en evidencia cómo la educación ha permanecido anclada a una idea conservadora y purista donde el saber tiene que ser solemne y revestido de una estética que lo valide.
Porque no es sólo que se establezcan este tipo de medidas disciplinarias sino que hay muchos profesores que no ven bien el pelo largo o pintado, los tatuajes, los piercings, los cambios educativos o del lenguaje.
El fantasma del conservadurismo, que siempre ha coqueteado con el ejercito, se percibe cada vez con mayor fortaleza. Si bien a muchos nos parece terrible la decisión de Bukele, es fácil percatarnos de que son muchos los que se sienten seducidos por ese control, por la disciplina, por la estética militar y que añoran los tiempos del pasado sin recordar el mal que se padeció.
Para mi es terrible encontrarme con que allá afuera haya personas que piensan de esta manera y que parece que lo que desean es vivir bajo el fascismo, como si no tuviéramos historia.
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